domingo, 16 de septiembre de 2012


Con la fe y los pantalones bien puestos

Poner en práctica nuestra fe requiere decisión, carácter y valor.

En la guerra se dice que de nada sirven las armas si no se saben usar. Lo mismo sucede en el plano espiritual, ya que de nada sirve decir que creemos en las promesas del Señor, si no tenemos el valor para enfrentar las situaciones y provocar que Sus planes se cumplan. 
Hemos leído muchas veces lo que Hebreos 11 enseña, pero es importante revisar varios aspectos que nos hablan sobre la fe. Primero, leemos que Dios es galardonador de los que le buscan, así que una forma de demostrar que lo buscamos es alcanzar esos galardones. En nuestra relación con Dios hay dos testimonios, el nuestro que habla sobre lo que Él ha obrado en nuestras vidas y el del Señor que habla de lo que Él ha visto y le agrada. En el caso de Abel, dice que Dios da buen testimonio de su ofrenda porque fue excelente. Lo mismo sucede con todos estos hombres y mujeres de los que habla Hebreos 111. Debemos presentar testimonio de fe para que Él ofrezca el Suyo, que no es más que la gracia que hallamos en todo lo que hacemos. Por ejemplo, cuando entregas tu vida a Su servicio y lo honras, siempre encontrarás favor ante otros que incluso te dirán: “No sé porqué, pero quiero hacer negocios con usted”.
Es fácil decir que vives por la fe en la vida eterna, pero es difícil declarar que crees en aquello que Dios ha prometido que lograrás en la tierra. Sin embargo, esa es la fe que debemos hacer realidad, ya que es la única forma de agradar a Dios. Cada día de tu vida debes demostrar tu fe, no solamente cuando te dan el aumento que esperabas, sino también cuando el día amanece nublado y no tienes ganas de levantarte.
Hebreos 11 habla de Noé, quien alcanzó justicia al construir el arca por fe. Ahora muchos podrían decir que hubieran participado, pero realmente es difícil saberlo, si no son capaces de enfrentarse a las dificultades y retos del día a día. Antes de decir que hubieras creído en un loco que construía un enorme barco, demuestra que eres capaz de arriesgarte por creer que Dios desea que seas feliz con tu familia y te respeten porque haces un excelente trabajo. Esas son las proezas que debes lograr ahora. ¡Es nuestra responsabilidad hacer que Sus promesas se cumplan!
¡Vaya fe la de Abraham que tomó a su esposa y salió de su tierra sin saber hacia dónde lo llevaría su amor por Dios! Y nosotros a veces caemos en la depresión absoluta cuando pasamos un mes sin trabajo y clamamos desesperados: “¡Dios me ha abandonado!” ¿Dónde está la fe que te levanta y te hace tocar puertas hasta que logras lo que deseas? El problema no es tener fe sino demostrarlo cuando vienen las dificultades, porque es en medio del desafío que ponemos a prueba nuestra fe y la hacemos crecer para lograr maravillas.
Y ¿qué sucede si llegas al final de tus días sin recibir lo que Dios te ha prometido? Pues así como Abraham, Isaac, Jacob y José, proclama a tu descendencia que ellos verán cumplidas las promesas porque Dios es fiel y no miente2. La fe es la mejor herencia que puedes dar a tus hijos. Esa fe que cambia tu estilo de vida, que te hace vivir expectante, renunciando a existir sin propósito. No tener expectativas es como estar muerto. Vivir por fe es disfrutar del presente y del futuro que forjamos con optimismo.
Hebreos también explica que quienes realmente tienen fe, piensan y hablan de lo que esperan y lo que recibirán, producto de su esfuerzo y confianza en Dios. No pierden el tiempo pensando en el pasado, sino que avanzan hacia el futuro3. ¡Pelea por tu porvenir, porque lo que viene será mejor!
Dios tiene preparados galardones para quienes se atreven a vivir por fe. Él no se avergüenza de nosotros y no nos abandonará porque, tal como a Abraham, nos ha prometido multiplicación. Y así como este valiente hombre, debemos aprender a creer y a ofrendar con amor. Quien recibe una promesa debe tener algo qué ofrecer de vuelta.
La fe también hace a un lado el temor. Por eso Moisés es recordado como el hombre que no tuvo miedo de la ira de Faraón y prefirió desechar las riquezas porque tenía la vista puesta en el galardón que Dios le prometió. Además, la fe nos distingue de quienes intentarán hacer las mismas proezas pero se ahogarán. Somos hijos de Dios y Su poder nos sustentará siempre.
Incluso una ramera, Rahab recibió galardón por su fe, ya que Dios da testimonio de ella en Hebreos 114 y Jesús proviene de su línea de descendencia. Ella creyó en el Dios de los israelitas y los ayudó a conquistar Jericó. Para vivir por fe se requiere valor y coraje. Como decimos en muchos países, se requiere tener bien puestos los pantalones porque no es fácil. Si no te has atrevido a emprender ese negocio, no es por falta de fe sino por orgullo y falta de valor. Dudas: “¿Qué dirán si fallo, qué pensarán?” Usar la fe implica ser humildes y aceptar que nos debemos a nuestro Padre. Cuando el pueblo era esclavo en Egipto, todos sabían que Dios los libertaría, pero solo uno tuvo los pantalones de plantarse frente a Faraón. David tuvo fe y también pantalones para enfrentarse a Goliat.
Al decir la Biblia que el reino de Dios sufre violencia y los violentos lo arrebatan, se refiere a quienes tienen el coraje y pelean por recibir lo que han creído. Dale gracias al Señor por la fe que te ha dado y asegúrale que le demostrarás que tienes los pantalones bien puestos para usarla en tus batallas. Dile: “Conquistaré reinos con la fe, el amor, el coraje y el valor que me has dado”.  

1 Hebreos 11:1-11 dice sobre la fe: Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella. Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios. Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. 
2Hebreos 11:12-13 continúa hablando sobre la fe: Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar. Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.
3Hebreos11:14-29 comparte más aún: Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad. Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir. Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras. Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón. Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos. Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey. Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible. Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos. Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados. 
4 Hebreos 11:30-40 habla sobre otros héroes: Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días. Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz. ¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros. 

La fe del centurión romano

Debemos creer y esforzarnos con la autoridad que nos otorga ser hijos y herederos del Señor.

La fe nos distingue como cristianos, es el común denominador de los hombres y mujeres de la Biblia, es la razón por la que ellos alcanzaron buen testimonio. En Hebreos 11 no leemos sobre hombres y mujeres perfectos sino esforzados y valientes que creyeron en Dios. Sabemos que Abraham, Sansón, David, Josué, incluso Raab terminaron bien, entonces decimos creer que el Señor estuvo con ellos. Pero la cuestión es creer que Él quiere hacer Su obra con nosotros en este tiempo. Ahora no construiremos un arca, no tendremos que vencer a Goliat, pero enfrentamos nuestros propios desafíos: la empresa, la iglesia y la familia, que no son menos retadores. En estas circunstancias es cuando debemos demostrar que tenemos fe para emprender sin necesidad de tantas confirmaciones de Dios. La razón nos abandona donde la fe nos da la mano. Demostremos que nuestra voluntad es de perfecta obediencia a Dios, quien nos manda a ser esforzados y valientes. ¡Este es el momento cuando tu fe será desafiada para emprender lo que piensas que es imposible lograr!
Para comprender la enseñanza sobre la fe del centurión romano, debemos analizar los antecedentes y el contexto. Primero vemos que Jesús era parte del pueblo judío, que en esa época era esclavo de Roma. Cuando le preguntaron si debían tributar a César, Él respondió con justicia diciendo que debían dar al César y a Dios lo que le pertenecía a cada uno1. Así que debemos hacer lo mismo, pagar nuestros impuestos y darle a Dios como merece. Esa es nuestra responsabilidad.
El segundo antecedente es cuando Jesús, siendo parte del pueblo subyugado por la orden de llevar una milla la carga de los romanos, ¡les pide que se sometan aún más y la lleven otra milla!2 Cuando hacemos lo que Jesús nos pide, nuestra disposición cambia para bien. Los judíos estaban resentidos porque eran esclavos, pero Jesús vino a liberarlos del rencor. Jesús nos enseñó que nuestro corazón sana cuando damos más de lo que nos han pedido. En este contexto, analicemos la historia del centurión.
Lo primero que aprendemos de este personaje es que nuestra fe crece al escuchar. El centurión escuchó sobre Jesús y tuvo fe en Su poder para sanar al siervo enfermo. Congregarnos y escuchar la Escritura alimenta nuestra fe que debe crecer para enfrentar nuevos desafíos. Tu fe debe llevarte a pedir por llegar a la cima, no solamente por salir del pozo.
La Palabra dice que Jesús se maravilló de la fe del centurión romano. Con la cananea fue diferente porque la hizo pasar por un proceso de confrontación, pero con el centurión se maravilló desde el inicio y alabó su fe. Eso lo hace digno de ser estudiado e imitado.
Este romano sabía quién era Jesús. Seguramente lo investigó y supo que era aquel hombre que le hablaba a las multitudes sobre el amor al prójimo, pero también les enseñaba sobre el respeto a la autoridad, sobre dar el tributo y ofrecer más de lo que se les exigía. Así que lo mandó llamar porque sabía que no podría negarse, como los ancianos tampoco podían negarse a ir a buscarlo porque eran esclavos de Roma.
Cuando Jesús estaba cerca, el centurión envió a otros mensajeros a darle instrucciones. En ese momento es cuando se hace evidente su fe con pantalones, casi impositiva. Usó el poder que tenía como romano sobre Jesús, quien era judío. Es increíble ver que le habló usando una parábola que explicaba la relación de autoridad: “Señor, conozco sobre obedecer órdenes. Digo que vayan y van, como lo hice con los ancianos para que te trajeran; a otros les pido que vengan y vienen, como Tú has venido; así que, aunque no soy digno, sana a mi sirviente”3.  En otras palabras le dijo: “Respeto Tu señorío como tú respetas el mío”. ¡Este hombre mandó a Jesús que obrara un milagro! Eso es tener fe.
¿Permitiremos que un romano tenga más fe que nosotros? Jesús sabía de autoridad, por eso no se molestó con las palabras del centurión y tampoco se ofenderá si te acercas convencido de tu posición como hijo y le dices: “Padre, soy heredero de estas promesas y te pido que se cumplan”. Entonces, Él dirá: “¡Wow! Qué fe la que tiene este hijo Mío”. Nosotros no tenemos autoridad sobre Jesús, pero sí tenemos los derechos de herederos que Él compró en la cruz del Calvario.
Así que este romano nos enseña a usar nuestra autoridad como hijos de Dios y a obtener bendición, utilizando la fe que hemos recibido de nuestro Padre. Si al centurión no lo detuvo ni siquiera su pecado, porque dijo que no era digno, nada debe detenernos ya que sabemos que somos salvos por la misericordia de nuestro Señor. Deja a un lado el temor y asume la confianza que te otorga el poder de Dios. Dile: “Gracias Padre, mi fe ha sido totalmente renovada, tendré los pantalones bien puestos para creer y lograr lo que anhelo”. ¡No te detengas y avanza hacia la meta!



1Marcos 12:15-17 relata: Mas él, percibiendo la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea. Ellos se la trajeron; y les dijo: ¿De quién es esta imagen y la inscripción? Ellos le dijeron: De César. Respondiendo Jesús, les dijo: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaron de él. 
2En Mateo 5:39-41 leemos: Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. 
3Lucas 7: 3-9 cuenta sobre la fe del centurión: Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo. Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto; porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga. Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero dí la palabra, y mi siervo será sano. Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.

La medida de tu fe

Dios nos ha dado una fe personal y especial para superar nuestros desafíos.

Cuando Jesús le dio el milagro de sanidad a la mujer cananea, quien pedía por su hija, le dijo: “Grande es tu fe”1. No le dijo grande es Mi poder o la fe en general, sino que se refirió particularmente a la fe que ella manifestaba. Cada quien tiene su fe personal e intransmisible. Aunque sí puede imitarse porque dice la Palabra que podemos imitar la fe de nuestros pastores. Esa fe particular puede usarse para todo, no solamente para salir de problemas, sino también para avanzar en tus sueños y anhelos. Pídele a Dios por lo que anhelas, aunque no sea para salir de un conflicto. Cambia tu sistema de creencias para renovar tu fe y veras que los resultados que obtienes serán mejores. La iglesia debe estar llena de gente bendecida por Dios que le otorga el honor y la gloria, porque a Él le agrada que le presentes tus proyectos, no solamente tus problemas.
Cada quien usa la fe de acuerdo a su medida y circunstancia. La cananea solo pidió salud para su hija, Salomón pidió sabiduría, pero si hubiera estado enfermo seguro le pide salud. Así que no debemos copiar la oración de otro, al contrario, oremos según lo que tenemos en nuestro corazón y a lo que necesitamos.
La conversación con el centurión romano fue diferente porque le dijo que no había hallado tanta fe como la que ese hombre tenía. Eso significa que Jesús estaba buscando fe. De hecho, en la Palabra dice que cuando Él regrese hallará fe en la tierra. Es decir que si nos la dio, quiere encontrarla. Dile a Jesús que encontrará en ti la fe que ha buscado en otros.
En Habacuc leemos un pasaje que sobre la fe podría confundirnos un poco porque dice que la visión tardará por un tiempo, pero luego dice que sin duda vendrá y no tardará2. Lo que quiere decir es que todo lo que esperas por fe y sin duda, no tarda tanto. La incredulidad del pueblo de Israel provocó que lo que tomaría 40 días, tardara 40 años en suceder. Los procesos que enfrentamos pueden ser más cortos de acuerdo a nuestra fe. Esa circunstancia puede tardar tanto como tu fe lo permita o se puede apresurar tanto como tu fe la altere. Este pasaje también dice que el justo vivirá por su fe. No por la fe en general, sino por la propia, la que se expresa en cada circunstancia. Además, descubrimos otra revelación importante, si por la fe viviremos, significa que también es posible  morir por la falta de fe. No me refiero a una muerte física, pero sí puedes morir en el ánimo y en el espíritu. Aprende a usarla para que te otorgue vida, no para morir en depresión y angustia.
Cuando Jesús sanó a unos ciegos que le siguieron también se refirió a la fe personal, ahora la de ellos3. Enfatizó que todo se hace conforme a lo que cada uno cree. Así que la cantidad de poder de Dios que recibes depende de tu fe. Si estás angustiado llora y desahógate, pero debes saber que no es llorando como recibes, sino que al decirle convencido: “Sé que lo harás, creo en mi corazón que recibiré lo que te pido”. Pídele al Señor, usa tu fe con una sonrisa en los labios porque estás convencido de que desea bendecirte.
La Palabra nos habla de una mujer que tenía 12 años de padecer flujo de sangre4. En este caso, Jesús también habla de la fe que ella tenía y la que fue efectiva para salvarla incluso del castigo que le esperaba por haber tocado a un hombre, ya que según la ley, era inmunda por esa enfermedad. Ella fue valiente y tocó a Jesús a pesar de saber que se arriesgaba a ser apedreada. Su fe y valor obtuvieron los frutos que esperaba porque Jesús la sanó y también la salvó. Fue como si le dijera: “No tengas pena, no serás castigada ya que no tocaste a un hombre, tocaste a Dios y eso no es prohibido”. 
Ella tenía fe, lo demostró durante los 12 años que buscó sanidad. No importa cuánto tiempo esperes, mantén tu fe porque el Señor sanará tu vida. Todos tenemos fe, la pregunta es si tenemos el valor de usarla. ¿Tienes la determinación para iniciar tu empresa o iniciar la carrera universitaria? ¡Imitemos a esta mujer con pantalones!
En otro momento, Jesús rogó porque la fe de Pedro no faltara, no lo criticó o condenó por la debilidad que demostraría, sino que le profetizó su futuro de bien en el Reino5. Entonces, Pedro volvió renovado y fue capaz de ver a los demás como hermanos, no como rivales o competidores. Esto fue posible gracias a su fe personal e íntima que no era igual a la de ninguno de los otros discípulos.
Dios ha dado fe a todos, una medida diferente y particular, adecuada para la circunstancia específica que cada quien enfrenta6. Creer no es lo mismo que tener fe, como no es lo mismo tener piernas y caminar, ya que el acto de creer es usar la fe que ya tenemos. Es decir que creer implica valentía para enfrentar y superar los desafíos.
Cuando Dios nos creó, nos formó con cuerpo, alma y espíritu, nos dio talentos y una medida de fe personal que nos ayudará a enfrentar nuestro retos y desafíos. La medida de nuestros problemas es congruente con la medida de fe que tenemos. No sé cuál es el tamaño de tu dificultad, pero te aseguro que tienes la fe suficiente para superarla, porque Dios ya te la dio. Acércate a Él y dile: “Señor, gracias por la medida de fe que me has dado, tendré el valor para utilizarla y enfrentar la medida de mis problemas, desafíos y sueños”.
 


1Mateo 15:28 relata:  Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.
2Habacuc 2:2-4 relata: Y Jehová me respondió, y dijo: Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella. Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará. He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.
3Mateo 9:27-30 cuenta sobre otro milagro:  Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa.
4Marcos 5:33-34 cuenta:  Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote.
5Lucas 22:31-32 comparte: Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.
6Romanos 12:3 asegura: Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. 

La sazón de la fe

Ten paciencia y no temas sufrir vergüenza al creer y luchar por alcanzar las promesas del Señor.

Necesitamos valor para usar la fe. Con frecuencia escucho a las personas lamentarse por lo que no emprendieron porque les faltó valor para hacerlo. ¡Anímate!, solo tenemos una vida en la tierra para esforzarnos y creer por alcanzar nuestros sueños. Tú decides si eres espectador o protagonista de las proezas que Dios nos ha prometido que lograremos. 
Hemos aprendido sobre la fe de varias personas de las que habla la Biblia. La mujer cananea que finalmente obtuvo su milagro por la insistencia y el valor que demostró, y el centurión quien tuvo los pantalones de utilizar su fe casi abusiva, para tomar la autoridad de enviar por el Señor y pedirle que sanara a su sirviente. Ante estas muestras de fe, nosotros, hijos de Dios y coherederos del Reino, deberíamos tener la convicción para acercarnos a Él. Pídele al Señor con confianza, no solo para que desaparezcan tus pesadillas sino también para que puedas lograr tus sueños. Cambia tus creencias para renovar tu oración, lo que mejorará tus resultados y tu entorno.
Dios nos ha dado una medida de fe única para que, en primer lugar, creamos en nosotros mismos y en las capacidades que nos ha dado1. Para ejercer nuestra fe con valor debemos convencernos de que Dios nos creó únicos y que estamos hechos a la medida de los retos que enfrentaremos. No hay problema que no puedas enfrentar porque nuestro Padre te ha dotado de la medida de fe exacta para salir adelante.
En la Biblia leemos que Jesús le habló a Simón sobre la tentación que este discípulo enfrentaría2. Le dijo que sería zarandeado, por eso, Él rogaba porque la fe del discípulo no faltara, ya que era esa medida única de fe la que lo ayudaría a superar el reto. Cuando se tiene fe ni el pecado puede detenerte. ¡Sigue adelante! Confía en Jesucristo quien no te condena, sino que te perdona y ruega para que tu fe no falte.
Todos los hombres y mujeres de los que habla la Biblia tuvieron la fe exacta para superar sus propios desafíos. Noé tuvo fe para construir un arca, no para tener un hijo como sucedió con Abraham. Solamente David necesitó la fe específica para vencer a Goliat. Tú necesitas tu propia fe para ese desafío personal. Actívala y descubrirás cómo resolver cada situación. Quienes tienen fe son más creativos y exitosos ya que piensan de forma distinta, retan a la razón y se enfocan en encontrar soluciones para lograr lo que visualizan. ¡La fe es energía pura que debemos usar para alcanzar nuestras metas!
Los hombres y mujeres de fe también tuvieron la paciencia para esforzarse por alcanzar la meta3. Sabemos que paciencia es la capacidad de esperar hasta obtener lo que hemos creído. Noé creyó y también tuvo paciencia para construir un arca durante mucho tiempo. Abraham tuvo paciencia para intentar durante años engendrar a su hijo. Las promesas se obtienen con fe y paciencia. La fe se sazona con la paciencia que genera esperanza. Debemos tener fe y paciencia para superar los problemas y también para realizar nuestros sueños, aunque esto tome tiempo. 
La paciencia es como la sazón de la comida típica de cada país. Todos estamos orgullosos de ello, aunque en otros países no lo aprecien igual. Como hijos de Dios tenemos nuestra sazón: la fe y la paciencia. Creemos que al orar los enfermos pueden sanar, creemos en sembrar para cosechar, y creemos en la conversión del corazón cuando lo entregamos al Señor. Quizá para otros es una mala sazón, pero para nosotros es la mejor. ¡Qué importa lo que otros piensen si para nosotros es la verdad!
La Biblia dice que Abraham creyó, incluso cuando ya no había esperanza, porque era imposible que él y Sara tuvieran hijos4. Esto nos hace pensar que la sazón de la fe es la paciencia y el riesgo es la vergüenza. A veces, no te arriesgas a tener fe por evitar la vergüenza, pero en la Escritura, la gente que creyó, se arriesgó. ¿Qué hubiera hecho Josué si luego de ordenar que le dieran la vuelta a Jericó durante siete días, los muros no caen? ¿Qué hubiera pasado con Abraham si después de anunciarlo tanto, no llega el hijo que anhelaba? Seguro hubieran hecho el ridículo, pero se arriesgaron por fe. Jesucristo sufrió la vergüenza y el oprobio en la cruz para salvarnos. Y al tercer día, ¡se acabó la humillación y vino la gloria! Se levantó victorioso de la tumba y tomó Su lugar a la derecha del Padre. Por eso, ¡Él es el autor y consumador de la fe!
Cuando usas tu fe y tu paciencia, te arriesgas a pasar vergüenza, pero debes intentarlo porque el riesgo vale la pena.  Ten paciencia y no sientas pena de ser avergonzado por tu fe. Cuando organizamos las cruzadas de sanidad no pensamos en la vergüenza que sufriremos si los milagros no suceden, porque confiamos en la promesa del Señor, quien no dejará avergonzados a aquellos que confían en Él. ¡Asume tus riesgos! Dios no te dejará solo, siempre estará contigo. Nuestro Padre quiso contar la historia de las personas que creyeron en Él para que nosotros tomáramos ejemplo y confiáramos de la misma forma. Cree y ten paciencia porque tu historia se contará como ejemplo de la fe que logra proezas en el Señor.
 

1 Romanos 12:3 aconseja: Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.
2 Lucas 22:31-32 relata: Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.
Hebreos 6:11-12 explica: Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.
Romanos 4:17-19, versión Dios habla hoy, dice:  Te he puesto por padre de muchas gentes delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen. El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto, siendo de casi cien años, o la esterilidad de la matriz de Sara.

Por fe, no por vista

No llores más, levántate, sigue tu camino, recupera el sentido de tu vida y permite que tu fe te lleve al éxito.

El apóstol Tomás tuvo que ver para creer1, pero tener fe es todo lo contrario, porque implica creer sin haber visto, es más, debemos creer para poder ver lo esperamos. La base de nuestra fe es lo que está escrito en la Palabra que nos promete que seremos testigos de grandes prodigios.  Dios quiere que caminemos por fe y no por vista porque nuestros sentidos pueden engañarnos. La fe es como el más claro de nuestros sentidos.
La Palabra dice que por la fe creemos que fue hecho lo que no se veía, ya que fe es la convicción de lo que no se ve2. Todo lo creado surgió de la Palabra de Dios cuando no existía nada. Así que nadie puede decir que vive por fe si no cree lo que no ve. Además, la fe debe estar conectada a la boca, porque la Biblia dice que si confesamos lo que creemos, lo que confesamos será hecho. Debemos hablar con fe de lo que no tenemos pero tendremos, de lo que no hemos logrado, pero lograremos.
Si quieres dejar de afanarte por tus necesidades ten fe, piensa en un sueño grande y enfócate en lograrlo. No significa que las dificultades desaparecerán, pero al concentrarte en  objetivos más altos, lo urgente será más fácil de alcanzar. Lo vemos con Erick Barrondo, marchista guatemalteco, quien a pesar de sus escasas posibilidades económicas logró entrenar para los Juegos Olímpicos. Si se hubiera concentrado en conseguir recursos para subsistir, estaría en su pueblo trabajando en alguna tarea de supervivencia, pero vio más allá y logró ser campeón. Además, él dijo que iba por la medalla de oro y se cubrió de gloria al conseguir la de plata. Su fe era tan grande que antes de irse a la competencia en Londres, ¡le compró a su familia un televisor de pantalla plana para que pudieran verlo ganar! Si hubiera llegado con la limitada aspiración de lograr “aunque fuera la medalla de bronce” quizá no logra la hazaña que conmovió a todo el mundo, especialmente a los guatemaltecos. Si quieres pegarle a las estrellas debes apuntar a la luna. Si le apuntas a las estrellas, tal vez, con suerte, le pegas al bombillo de tu casa. Es más fácil soportar la adversidad y salir adelante cuando tienes un sueño y con fe, luchas por hacerlo realidad. Necesitamos caminar por fe y no por vista3. Testimonios como este me hacen pensar que acaso nuestra abundancia de recursos es el estorbo para tu fe. Por eso, cuando venga la escasez debemos dar gracias, porque quizá ese problema se convierta en nuestra mayor oportunidad para realizar los sueños que anhelamos.
Al leer el pasaje de los ciegos que siguieron a Jesús me cuestiono porque es una pena que ellos, sin ver, lo siguieran, y nosotros que podemos ver, a veces no lo hacemos. Esos ciegos demostraron su fe con hechos y acciones4, tal como debemos hacer nosotros. Caminar por fe y no por vista significa recibir tu cheque de quincena y decirle al Señor: “Sé que este dinero no me alcanza, pero tengo fe en que Tú me proveerás ”. Cuando hagas eso, tu vida cambiará y estarás en camino a ver grandes prodigios. La mujer con flujo de sangre5 y el centurión6 se acercaron a Jesús y recibieron lo que buscaban porque escucharon sobre Él y lo buscaron. Mantengámonos atentos a Su voz para que nuestra fe crezca y nos lleve a obtener Sus promesas.
La Palabra nos cuenta la historia de Ana, madre del profeta Samuel7, quien sufría por ser estéril. Entonces, leemos que Elí se le acercó y le dijo que fuera en paz y que recibiera lo que había pedido. Luego, ella hizo tres cosas que nos enseñan muchísimo sobre nuestra correcta actitud de fe.

Primero, tomó su camino. Al escuchar lo que le dijeron, se levantó y avanzó. Cuando tienes fe retomas lo que dejaste por desánimo. ¡Dios te dice levántate y camina! No te desvíes más, avanza hasta lograr lo que tu fe te ha puesto delante. Segundo, Ana comió, significa que recuperó el deseo de vivir. Cuando fracasamos en algo deseamos morir. Pero nuestra razón para vivir siempre debe ser el Señor, frente a los problemas, las victorias y los desafíos. Si tenemos la fe puesta en Él, nada nos quitará el deseo de seguir adelante. Tercero, Ana ya no estaba triste porque la fe le devolvió el optimismo, incluso antes de ver los resultados finales. Llorar nos ayuda a desahogarnos, pero ningún problema se resuelve con llanto y la fe nos ayuda a manejar las emociones. Cuando crees que recibirás lo que anhelas, retomas tu camino, cobra sentido tu vida, y tus emociones cambian para bien. Esto provoca que tu actitud y tus pensamientos mejoren, lo que te permite alcanzar increíbles resultados. ¿Ves como todo está relacionado y se fundamenta en la fe?  Para avanzar debes soñar en grande, creer, levantarte, seguir tu camino, recuperar el sentido de vivir y mejorar tu actitud al hacer a un lado las emociones negativas. Este proceso de fe te conducirá al éxito.
Pídele al Señor que incremente tu medida de fe porque tienes sueños por lograr y milagros que testificar. Asegúrale que seguirás el camino que te ha trazado, recuperarás el sentido tu vida y cambiarás tus emociones para bien. ¡Gracia Padre por enseñarnos a vivir por fe!


1Juan 20:26-31 cuenta sobre Tomás: Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron. Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.
2Hebreos 11: 1 nos enseña: Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
32 Corintios 5:7 asegura: Porque por fe andamos, no por vista.
4Mateo 9:27-27 cuenta: Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho.
5 Marcos 5:27-29 relata: Cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto.

6Lucas 7:3 dice: Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo.
71 Samuel 1:17-18 relata: Elí respondió y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho. Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste. 

Vivir demanda sabiduría

Ser sabio significa aplicar nuestro conocimiento para tomar buenas decisiones.

Cuando Sonia y yo preparábamos nuestra boda y buscábamos los muebles para nuestra casa, mamá nos dio un consejo: “Compren una cama pequeña porque así los pleitos duran poco”. ¡Qué sabiduría! Efectivamente, aunque la pareja esté molesta, la proximidad que provoca una cama pequeña hace que se busque rápidamente la reconciliación. 
Hay que adquirir sabiduría para relacionarnos, para administrar, para gobernar y para tomar decisiones conforme a la moral. Todos tenemos la capacidad para ser sabios, así que no llames tonto a nadie, porque Dios ha creado solamente personas inteligentes, capaces de aprender. 
La sabiduría es indispensable para la vida. Por fe es posible alcanzar grandes objetivos que podrían estropearse por falta de sabiduría. He visto muchos milagros de sanidad que luego se pierden porque no hubo sabiduría para cuidar la salud que se recibió. Aprendamos a ser sabios para retener nuestras promesas cumplidas.
La sabiduría se fundamenta en el respeto y el temor de Dios, por lo que el punto de partida para ser sabios es reconocer que nos hace falta el entendimiento que debemos pedir al Señor. Lo contrario a la sabiduría es la necedad, la insensatez y la estupidez. También es importante descubrir que debemos pedir la sabiduría específica para el momento que vivimos. Pídela para restaurar tu matrimonio, para comprender a tus hijos o sacar adelante tu empresa, ya que la sabiduría no es algo abstracto, sino un don que debe aplicarse en situaciones concretas. Salomón, por ejemplo, pidió sabiduría especialmente para gobernar. Otro aspecto relevante es aprender a buscarla y encontrarla porque está en todo lugar. Incluso los necios, según la Palabra, ¡pueden mostrar sabiduría cuando callan! Así que debemos buscarla e imitar la conducta de quien la tiene.
La sabiduría impone orden y como consecuencia, trae paz. Por eso es tan importante adquirirla. Solo los necios buscan contienda. Toda situación de la vida demanda sabiduría, tanto luchar por una posición o promoción, como mantenerse en ese puesto privilegiado. Porque ser sabio no es “saber mucho” sino aplicar ese conocimiento para decidir correctamente. Por ejemplo, todos sabemos las propiedades del fuego, pero ese conocimiento no nos hace sabios. Lo que realmente nos hace personas sabias es tomar buenas decisiones para utilizarlo de la forma correcta. El Señor espera que seamos sabios y lo demostremos al tomar buenas decisiones en todo momento.
Jesús relaciona la sabiduría con la posibilidad de ser Sus discípulos. Lo primero que indica es que el amor a Dios debe ser tan grande que el sentimiento por los demás podría parecer aborrecimiento. Además debemos ser capaces de tomar “nuestra cruz”, es decir, ser valientes y asumir nuestras responsabilidades1
Su Palabra es hermosa porque desafía nuestro discernimiento, nos reta a ser sabios y nos cautiva para que la leamos una y otra vez, hasta que Su presencia invada nuestras vidas. Él espera que demostremos sabiduría al planificar nuestras acciones, por eso habla de calcular antes de construir y pensar en la estrategia antes de la batalla. Porque quien no calcula y planifica, demuestra que lo único que posee es necedad2. Jesús dice que solo quienes renuncien a la necedad e insensatez que tienen, y demuestren ser sabios, podrán ser Sus discípulos3. Nuestra fe y sabiduría debe reflejarse en los resultados que obtenemos en la vida. En otras palabras, es como si Jesús dijera: “No podrá ser Mi discípulo aquel que no acepte dejar la necedad”. Si quieres ser discípulo del Señor, debes buscar sabiduría para tomar buenas decisiones.
Insisto en enfatizar que sabiduría no es “lo que sabemos”, sino “lo que hacemos con lo que sabemos”. Sabiduría es aplicar correctamente el conocimiento que poseo. De nada sirve tener mucho conocimiento si no lo ponemos en práctica para beneficiar a quienes nos rodean. Por ello, las personas que sirven al Señor deben ser sabias y llenas del Espíritu Santo. En el ministerio debe haber unción y milagros, pero también sabiduría para administrarlos4.
Así que debemos fortalecernos en cuerpo y en espíritu, tal como Jesús lo hizo desde niño. Además, debemos aprender y crecer en sabiduría5. No esperes a ser anciano para ser sabio, no sabemos cuánto viviremos así que debes ser sabio ¡ahora! La vida demanda sabiduría en todo tiempo y edad. A veces crecemos en edad, pero no en sabiduría y nos encontramos con un saldo negativo que debemos equilibrar. Nuestra vida continúa, el tiempo no se detiene, cada día somos un poco más viejos, así que debemos dedicarnos a crecer en sabiduría. 
Isaías profetizó que Jesús crecería en sabiduría, porque aprendería a escoger lo bueno y a desechar lo malo6. Sabiduría es elegir lo correcto.  No es solamente saber algo, sino hacer algo, lo bueno. Si sabemos que la grasa es dañina debemos desecharla, pero como es agradable al paladar, nos dejamos llevar por nuestros sentidos y escogemos lo malo, aunque nos hará daño. Tendemos a sustituir lo bueno por lo agradable o placentero. ¡Eso es necedad! Aprende a ser sabio y a escoger siempre lo bueno, lo santo y lo correcto.
Los tesoros de la sabiduría están en Jesús, el único por quien debemos dejarnos persuadir7. La necedad crece cuando nos negamos a hacer lo correcto, por el contrario, la sabiduría crece cuando sometemos nuestra voluntad y hacemos lo correcto. Preocúpate por adquirir sabiduría todos los días a través de la experiencia. Esa es la única forma de combatir la necedad. Antes de tomar una decisión, evalúa si te hará más necio o más sabio. Pídele al Señor que te ayude a crecer en Su sabiduría para afrontar la vida con buen juicio. Prométele que tomarás las decisiones que te hagan sabio porque anhelas ser Su discípulo amado y vivir disfrutando de Sus bendiciones.

 
1 Lucas 14:25-27: Jesús nos da la clave para ser Sus discípulos: Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo
 
2 Luca 14:28-32: Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz.
 
3 En Lucas 14:33: Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.
 
4 Hechos 6:3 aconseja: Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo.
 
5 Lucas 2:40 dice sobre Jesús: Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él.
Luego, Lucas 2:52 continúa diciendo: Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.
 
6 Isaías 7:14-15 nos explica que las experiencias adquiridas ayudan a adquirir sabiduría: Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel. Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno.
 
7 Colosenses 2:3-4 dice sobre Jesús: en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. Y esto lo digo para que nadie os engañe con palabras persuasivas.

Aprecia la sabiduría de todos

El rico y el pobre, el joven y el anciano, el grande y el pequeño pueden enseñarnos valiosas lecciones. ¡Aprovechémoslas

Vivir exige sabiduría porque nuestra existencia se integra por infinidad de decisiones que nos obligan a escoger lo correcto de aquello que conocemos, sea por definición o por experiencia. Cada paso que damos requiere seleccionar entre dos opciones. Incluso al abrir los ojos cada mañana, debemos decidir con sabiduría levantarnos a la hora más adecuada para ser productivos.

Además, sabemos que nuestro Señor nos pide que seamos sabios. De hecho, En Lucas 14: 25-33 Jesús explica que la sabiduría es indispensable para ser Sus discípulos1. Él explica que será imposible seguirlo para quien no aborrezca y renuncie a todo cuanto posee, incluyendo a su familia, y lo asocia con alguien que no es capaz de planificar antes de edificar y alguien que pelea una batalla sin considerar sus posibilidades de ganarla.  ¿Qué relación tiene todo esto? El hilo conductor de todo lo que Jesús describe es la insensatez y la necedad. Así que para ser Su discípulo debemos despojarnos de la insensatez y de la necedad, ¡incluso si la heredamos de nuestros padres! No podemos llegar a los pies de Jesús sin antes aborrecer todo lo que aprendimos que obstaculice el camino a la sabiduría. Hay generaciones que heredaron necedad y deben romper con ese lastre. No esperes a ser anciano para adquirir sabiduría, aprende del Señor para corregir tu vida y enseñar a tus hijos. La única forma de aborrecer la necedad es buscar y amar la sabiduría.
Algunas personas que escuchaban a Jesús se preguntaban cómo sabía tanto si era el hijo del carpintero que ellos conocían2. Las personas arrogantes, poco sabias, menosprecian la sabiduría de otros porque no la reconocen. Al contrario, los sabios siempre desean aprender por lo que encuentran sabiduría al escuchar, preguntar y observar. Una persona sabia incrementa su entendimiento al buscar consejo sobre lo que ignora y encuentra buen juicio donde otro no se imagina que pueda existir. Debemos hacer a un lado el orgullo y tener humildad para reconocer la sabiduría y escuchar consejo de quien puede enseñarnos.
Incluso, podemos ver que la sabiduría nos promueve, porque Jesús salió del anonimato al compartir Sus enseñanzas. Demuestra que anhelas sabiduría buscándola incluso en los lugares más insospechados. Sabio es aquel que con consejos, experiencia ajena y propia recopila información para tomar las decisiones correctas.
Es cierto que la sabiduría se adquiere con los años y la experiencia, pero todos podemos ser más sabios a la edad que tengamos. Un niño de ocho años que termina sus tareas antes de jugar es más sabio que otro que no dedica tiempo al estudio. Nuestro nivel de sabiduría se incrementa si sabemos dónde buscarla y encontrarla. ¡La Biblia dice que aun el necio es contado por sabio cuando calla! Así que de todas las personas podemos obtener sabiduría si tenemos la correcta disposición para estar atentos.
Debemos aceptar la sabiduría donde quiera que la encontremos, en lo pequeño y en lo grande. La Palabra nos dice que las hormigas son sabias aunque son pequeñas y nada fuertes, porque aprovechan el verano y se preparan para el invierno. Aprende y demuestra tu sabiduría al ahorrar porque la época difícil vendrá. El segundo ejemplo de sabiduría son los conejos que no se esfuerzan demasiado, ya que aprovechan lo que ya existe, por eso forman sus madrigueras entre los pedregales que les brindan seguridad. La Palabra también habla de las langostas que avanzan en grupos; y menciona a las arañas que habitan en palacios aunque son tan vulnerables que podemos atraparlas con la mano3. Entonces, la sabiduría no necesariamente está ligada a la grandeza, fortaleza o exceso de esfuerzo. Los insectos y animales más pequeños pueden enseñarnos sobre sabiduría si tenemos la humildad de aceptar las lecciones que puedan darnos. No desperdicies ninguna enseñanza que Dios quiera darte a través de Sus criaturas.
Eclesiastés enseña que la sabiduría puede verse además de escucharse y nos cuenta sobre un hombre pobre que salvó a su pueblo con el consejo que le dio ante la amenaza de una invasión, ya que la sabiduría puede más que la fuerza. Pero lo más remarcable de este pasaje es la sabiduría del hombre que fue capaz de tomar en cuenta a ese sabio que, aunque pobre y olvidado, podía ayudarlesy dijo: “Hay que escucharlo”, más aún, encontramos doble enseñanza en quienes aceptaron el consejo, dejaron de lado su orgullo y escucharon al hombre que antes habían menospreciado.
Si estás dispuesto  a ser sabio debes dejar el orgullo que te impide escuchar a grandes, pequeños, ricos o pobres. Aun en el necio se encuentra sabiduría si sabemos descubrirla con una mirada abierta y receptiva. La Palabra nos advierte que no seamos sabios en nuestra propia opinión porque no siempre tendremos la razón. ¡Aceptemos nuestra ignorancia y mantengamos nuestros sentidos alertas para encontrar sabiduría! Dale gracias al Señor por abrirte los ojos, los oídos y el entendimiento a la sabiduría que te rodea. Demuestra tu deseo de erradicar la insensatez y crecer en buen juicio al aceptar a Jesús y abrirle las puertas de tu corazón para que cambie tu vida por completo, llenándote de Su sabiduría.
 

1 Lucas 14: 25-33: Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulos.
2 Marcos 6:2-3 relata:  Y llegado el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos? ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él.
3 Proverbios 30:24-28 explica: Cuatro cosas son de las más pequeñas de la tierra, y las mismas son más sabias que los sabios: las hormigas, pueblo no fuerte, en el verano preparan su comida; los conejos, pueblo nada esforzado, y  ponen su casa en la piedra; las langostas, que no tienen rey, y salen todas por cuadrillas; la araña que atrapas con la mano, y está en palacios de rey.
4 Eclesiastés 9: 13-18 relata: También vi esta sabiduría debajo del sol, la cual me parece grande: una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella; y viene contra ella un gran rey, y la asedia y levanta contra ella grandes baluartes; y se halla en ella un hombre pobre, sabio, el cual libra a la ciudad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel hombre pobre. Entonces dije yo: Mejor es la sabiduría que la fuerza, aunque la ciencia del pobre sea menospreciada, y no sean escuchadas sus palabras. Las palabras del sabio escuchadas en quietud, son mejores que el clamor del señor entre los necios. Mejor es la sabiduría que las armas de guerra; pero un pecador destruye mucho bien.
 
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